Esta isla es uno de los destinos favoritos de los viajeros que llegan por primera vez a conocer Miami.

Key Biscayne se jacta de tener las mejores playas de Miami y un área residencial muy exclusiva y tranquila que puede recorrerse en carrito de golf.

Desde la ciudad se llega por el Rickenbacker Causeway, que se terminó de construir en 1947 y fue lo que conectó finalmente la isla al continente. De hecho, hasta entonces, la isla pertenecía casi toda al industrial neoyorquino W. J.Matheson, quien donó susu tierras a cambio de la contrucción de la carretera-puente.

Key Biscayne es un paraíso entre dos parques, Crandon Park, al norte, y Bill Baggs Cape Florida State Park, al sur. Ambos tiene playas hermosas y una naturaleza nativa, ideal para todo tipo de tours y expediciones, tanto acuáticas como terrestres.

Un recomendado: el camino que bordea la playa de Crandon Park, ideal para recorrer en bicicleta.

Hasta 1960, la construcción en la isla estuvo bajo el monopolio de Mackle Brothres, una compañía que dejó su impronta en las «mackles» esas casitas de playa típicas que todavía sobreviven. Pero cuando asumió Nixon la presidencia de los Estados Unidos, Key Biscayne se transformó en su centro de operaciones, (se lo llamó «la Casa Blanca de invierno»), lo que inauguró el desarrollo sostenido del área.

Hoy en día, reúne el mejor con sus paisajes increíbles. Prueba de ello son alguno de sus restaurantes para comer frente al mar: Whisky Shows, The Rusty Pelican, Cantina Beach y Dune Burgers on the Beach de The Ritz-Carlton, entre otros.

The Rusty Pelican